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“POBRE DE MÍ, POBRE DE MÍ…”

Información Básica

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El entierro de la sardina es una fiesta carnavalesca que se celebra el miércoles de Ceniza, momento en que en muchas localidades se canta el Pobre de mí, como a final de los Sanfermines. Parodia un cortejo fúnebre y culmina con la quema de una figura representando a una sardina. Se entierra simbólicamente al pasado, a lo socialmente establecido, para que puedan renacer con mayor fuerza, surgiendo de este modo una nueva sociedad transformada. Y todo eso, de una sardina. Está claro que este pez posee multitud de propiedades, además de un sabor exquisito, aunque dudo mucho que posea los poderes que se le demandan en el Carnaval…Curiosamente, las sardinas enlatadas suelen contener más contenido calórico que las cocinadas frescas debido al aceite en el que se encuentra inmerso. Es por esta razón por la que las versiones en escabeche o al natural poseen menos calorías. Pero, en cualquier caso, se trata de un alimento saludable, abundante en aceites omega 3. Además, contiene vitaminas B12, B1 o Niacina, y también cantidades significativas de vitaminas liposolubles como A, D y E; ayudando al cuerpo en la regeneración de la piel, a luchar contra las infecciones, a la absorción del calcio,…pero sobre todo, a sentirnos como si estuviéramos en una terracita en la playa aunque las tomemos en pleno invierno. Ese sabor a mar es inconfundible e inimitable. Sigue leyendo

Caballa de pura sangre

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La caballa de Andalucía emplatada y en su frasco

No me digáis que hay algo de más tradición que un buen bocadillo de sardinas, envuelto en las noticias del día y debidamente lubricadas con el aceite de la lata, de aparición habitual en los Peliculones –dicho con mayúsculas- de José Luis López Vázquez, Ozores o Gracita Morales –, como uno de los símbolos del currante medio-bajo.

Pero este mundo de Dios no da ni un segundo de respiro y gracias al cielo, todo ha cambiado una barbaridad y así, esa imagen, un poco sórdida o… buscadle vosotros el adjetivo, es cosa del pasado y podemos decir que ahora, viendo y saboreando la calidad de estas conservas marinas, es todo un gustazo para los sentidos. No podréis negar que en más de una noche de apuro, una buena lata de caballa, con un tomate fresco troceado, con chorrito de aceite, una puntita de sal y acompañado por unas copitas de vino blanco os ha apañado, y con nota, esa cena improvisada  que no sabíais que haceros. En caso contrario, no sabemos qué estáis esperando.

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