¿Qué va a encontrar Agus en Galicia?

La ruta de Agus por Galicia

La ruta de Agus por Galicia

Hemos entrado en la última semana de nuestra aventura y con ella también en la última Comunidad Autónoma del Camino de Santiago, estamos casi ante el felpudo de la Praza do Obradoiro, ya hemos dado cuenta de más de 600 km. y empezamos a tener esa ligera sensación orgullosa del deber cumplido. Aunque no vamos a negar que ya se han instalado confortablemente y de forma permanente algún que otro dolor en las piernas, pies y riñones –sin comentar nada de las quemaduras solares y el dolor de corazón por haber extraviado las equipaciones originarias de www.porprincipio.com, quien las haya encontrado que las conserve que se pagarán a precio de oro en un futuro no muy lejano-.

Hasta en un recorrido con unas connotaciones claramente religiosas y espirituales como este, no hemos podido evitar caer en otro de los pecados capitales, el de soberbia –ya habíamos borrado de nuestra lista como si fuera una colección de cromos, la gula, la ebriedad y la pereza. Logan y Bryan no dan el perfil para faltar también en la lujuria- ya que como pasa en las películas de esas de la guerra de Vietnam y siendo veteranos de Sant Pied de Port, miramos con insana condescendencia a los que han partido de León, Astorga o todo punto que no se sitúe en un área superior a los seiscientos y pico kilómetros de rigor. Mucho nos tememos que el Apóstol va tener que hacer horas extra para resetearnos la lista de los pecados, ahora sí que tenemos la convicción de que la piedra que posamos a pies de la Cruz de Ferro, no era lo suficientemente grande.

Hemos seguido las ancestrales huellas del peregrino en su versión de flechas amarillas como si fuéramos rastreadores sioux, hemos atravesado puentes donde se han batido en justas caballeros ociosos, hemos recuperado aliento en tierra de templarios y por si esto fuera poco, hemos hecho devotos de la cecina y el jamón a dos conciudadanos de Obama, cuyo recuerdo del botillo, el chorizo y la morcilla con pimiento de piquillo, será casi tan imborrable como los mejores recuerdos del día de su enlace matrimonial.

Ahora entramos en territorio de celtas, de meigas y bruixas, de queixos, de tradición, de orujo, de marisco y de miel. Dejamos tierras yermas, e interminables y candentes caminos rectos, interminables y tan desforestados como la cabeza de Caillou, y entramos en el paisaje gallego, cada vez menos atlántico por la acción del calentamiento global, pero que todavía debemos disfrutar de una simpar belleza natural.

Productos y zonas de producción en Galicia

Productos y zonas de producción en Galicia

Tierras de buenos vinos, muy diferentes entre sí, tintos frutales, potentes, jugosos casi carnosos, con aromas a fruta y flor. Blancos complejos, elegantes, algunos que nos recuerdan a mar, a sal, a hierba verde, a menta fresca y aire puro. Cinco Denominaciones de Origen que se distribuyen por Orense y La Coruña –salvo Ribeira Sacra que coquetea dejándose acariciar por una pequeña franja lucense-, Monterrei, Rias Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras, donde tradición y modernidad fluyen en una difícil pero conseguida armonía. Tierra de queixos: Arzúa-Ulloa, Cebreiro, San Simón de Costa o el siempre pecaminoso –por rico, no por lascivo- queso de tetilla. De cortes tiernos y suaves, cremosos y de marcada personalidad, un gustazo para los paladares. Tierra dulce y acogedora a golpe de miel de Galicia y tarta de Santiago. De suave faba de Lourenzá, tierna y sabrosa, idónea para un pote sabroso y contundente o para una fresca y ligera ensalada de verano. Y como no tierra de pescadores y mariscadores, con algunos de las delicias más soberbias que las aguas del océano y del mar nos pueden brindar, bien frescos o en conseguidas conservas como los soberbios mejillones de Galicia. Después de disfrutar todos estos manjares y muchos más, llegamos a la conclusión que lo de Finisterre –Fisterra,  derivado del latín “finis terrae”, el fin de la tierra- no se refería a que aquí se terminaba la tierra, si no que habiendo lo que hay por aquí, a quien le podía interesar continuar.

Nos vemos en Santiago de Compostela.

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