Miel, abejas y el fin del mundo

La miel, buena a todas horas

La miel, buena a todas horas

Siempre que sale algún científico o experto cenizo que se empeñan en exponer teorías aciagas sobre el futuro de la humanidad, se nos pone un mal cuerpo que no veas. Una de estas teorías es relativa al drástico descenso de la población de abejas y las funestas consecuencias que conllevaría la desaparición de estos bichillos alados.

La importancia de la abeja y sus cifras

Las abejas tienen el honor y el mérito de ser responsables de más del 80% de la polinización de las cosechas agrícolas, se afirma que un tercio de nuestra despensa se debe a la labor de estos pequeños himenópteros.

¿Cómo polinizan tanto? Es sencillo, una abeja no para quieta. Recorre cientos y cientos de kilómetros desde su colonia para la recolección de polen y néctar en las floraciones del entorno. Buena parte de este polen quedan adheridas en sus patas traseras y son transportadas hasta la colmena. Pero entre flor y flor, parte del polen salido del estambre de una flor, acaba en el estigma de otra y así tenemos la polinización. Se calcula que, para la elaboración de un kilo de miel, las abejas tienen que recorrer unos ocho mil kilómetros y visitar alrededor de millón y medio de flores, ahí es nada.

¿Cómo el polen se convierte en miel?

Ya en la colmena, estos laboriosos insectos, descomponen con la saliva –sí, suena un poco guarrete-  los azúcares complejos del néctar descomponiéndolos en azúcares simples como glucosa y fructosa, elaborando la miel, que en un principio no presenta la familiar textura viscosa. Todavía muy fluida, las almacenan en las celdas de los panales para su futuro alimento –y el nuestro-, curiosamente, atemperan la miel usando sus alas como improvisados ventiladores.

Miel de la Alcarria DOP

Miel de la Alcarria DOP

Una vez llena la celda y con la textura perfecta, cada cubo hexagonal es tapado con un tapón de cera, el opérculo. Las abejas se alimentan, según su edad con jalea real en sus primeras fases, cuando son jóvenes polen y finalmente miel cuando son ya adultas.

De todas las reservas melíferas sólo una quinta parte sería suficiente para alimentar a la colonia. Así que no pasa nada cuando nuestros amigos del Colmenar de Valderromero les “roban” esta estupenda Miel de la Alcarria DOP o en Erica Miel y su estupenda Miel de Galicia IGP.

La apicultura

Hay dos tipos de colmenas, las llamadas fijistas o corchos, en desuso al ser muy difícil y poco rentable la extracción de las mieles y causaban gran perjuicio a los insectos. Los panales, hechos por las abejas tenían que ser cortados al estar pegados a las paredes de la colmena y era casi imposible su traslado. El otro tipo, las movilistas, están hechas de paja trenzada, corcho, cerámica y sobre todo de madera, que tienen en su interior unos paneles móviles extraíbles donde se coloca una capa de cera, sobre la cual las abejas construyen el panal. En la mayoría de los casos son –como su nombre bien indica- móviles, lo que permite la trashumancia, pudiendo trasladarlas según la climatología o el tipo de floración.

Para extraer la miel, los apicultores proceden a ahumar la colmena, con aguja de pino, ya que es un humo no tan caliente, que tranquiliza a las abejas, y hace que desciendan hasta la parte inferior de la colmena, el panel una vez extraído es “barrido” con cuidado para quitar los insectos rezagados y que no lo tomen como una amenaza, ya que las volvería agresivas.

 Miel de Galicia IGP

Miel de Galicia IGP

En su lugar se ponen unos paneles limpios para que las abejas vuelvan a construir los panales. Con un cuchillo –mejor eléctrico, que coge temperatura-  se le corta la tapa de cera de las celdillas, se despercula, y ya se puede extraer de ellas la miel almacenada, o bien de forma manual, o bien por centrifugación en las explotaciones que dispongan la maquinaria adecuada. Finalmente es filtrada y posteriormente envasada. Cuando la producción es superior a la demanda, la miel se deja enfriar, se granula, haciendo cristales de azúcar  y se almacenan en ambientes controlados. Cuando es necesario, se calienta a más de 50º retornando su textura y lo que es más importante, sin perder ninguna de sus magníficas cualidades sápidas y saludables.

La amenaza

Ya hemos visto la importancia de las abejas, en cuanto a la maravillosa miel que producen y su labor polinizadora, ésta última es esencial. De hecho, se calcula que su desaparición abocaría, según las predicciones de estos expertos al apocalipsis, a la extinción del ser humano en cuatro años. Las cifras son poco tranquilizadoras y por citar alguna, en los últimos años se estima que las bajas entre las filas de la familia de Maya ha sido del 30% sólo en EEUU, donde la actividad polinizadora de cultivos frutales, verduras o pastizales es vital, se ha visto mermada de forma drástica.

Este problema según parece se remonta a más de medio siglo atrás, pero no ha sido hasta hace apenas un par de años, que se han realizado estudios en firme y se han empezado a teorizar y a cifrar la trágica disminución de la población de abejas melíferas en el mundo, un retroceso que no ha parado. Incluso en zonas de Asia y Centroeuropa, se ha iniciado la polinización manual de frutales.

Teorías sobre las causas de su desaparición

Lo peor del asunto es que, a día de hoy, no se tiene una respuesta concreta de cuáles son las causas de este singular e inquietante hecho y se apuntan varias factores que han podido llevar a esta situación. En un principio, expertos científicos de la Universidad estadounidense de Columbia, hilando fino, identificaron una cepa israelí del virus de la parálisis aguda como culpable de esta crisis apícola, pero surgieron casi al unísono otras teoría con al menos la misma fuerza.

Buscad siempre el sello de la IGP o de la DOP

Buscad siempre el sello de la IGP o de la DOP

Por un lado se acusa a un hongo parásito asiático, como causante de esta aniquilación paulatina que ha producido una mortalidad drástica en las colmenas y un descenso acusado de la producción melífera. Por otro lado, otros sospechosos son parásitos como el ácaro Varroa o el escarabajo de las colmenas que se muestran cada vez más virulentos.

También la entrada de otras especies de abejas procedentes de Asia y África, mucho más agresivas, está mermando las colonias de abejas europeas y americanas. Existen algunos factores ambientales que afectan a la abeja, causados por nuestras manos como la creciente contaminación atmosférica, el cambio climático que ha llevado a una mutación en los ecosistemas y la paulatina deforestación que impide su alimentación y polinización.

También con nuestro habitual y ponzoñoso sello personal, y para cerrar esta nómina de catástrofes, debemos señalar la incidencia de un creciente y desmedido urbanismo y las consecuencias adyacentes, como la planta de antenas de telefonía y postes eléctricos cuyos campos electromagnéticos no terminan con la vida de los insectos pero influyen en su gps natural. Nuestras abejas, desorientadas, no saben volver las colmenas, lo que causa una disminución en la densidad de individuos y hasta el total despoblamiento.

Otra de las consecuencias de todo este asunto y para quitar un poco de hierro al asunto y de congoja a las almas, sería que en esos cuatro años que nos quedaran hasta la extinción, no podríamos disfrutar de este extraordinario manjar cuya única receta –e ingrediente- la guardan celosamente estos alados bichillos, la miel.

Después de esta pequeña revisión de un problemón de narices, seguro que cuando veamos a Willy y Maya en la caja tonta, se nos pondrá un nudo en la garganta y se nos humedecerán ligeramente los ojos. ¡Cuídalas!, ¡come miel! y si todavía tienes dudas, estúdiate en la enciclopedia de casa las diferencias entre las avispas y las abejas y si acaso no lo tienes del todo claro, que es para alguien como tú un aguijonazo de nada.

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