Los productos de Navarra. Vino – The Navarra’s wine returns

artazuri350No nos vamos a andar con paños calientes, pero la verdad es que durante una época más larga de la que nos hubiera gustado, habíamos comprobado con preocupación, un acusado descenso en la cantidad de vinos navarros que despertaban nuestras emociones. Como novios despechados, echamos en falta durante una buena época los nombres de algunas bodegas, que nos habían acostumbrado todos los años a gozar con sus propuestas. Quizá por eso nos hemos hecho un poco más difíciles de conquistar de nuevo, pero… hay que reconocer que se han puesto guapas las jodías…

Navarra es una tierra de contrastes y de confluencias, de climas, de suelos, de mar y montaña, de canto rodao y prado. Éste hecho se refleja en los caracteres de sus vinos, una familia numerosa, cada hijo con sus virtudes y sus rarezas. Estas diferencias están tan marcadas que hasta ha llevado a realizar una subdivisión de las tierras adscritas a la Denominación de Origen con vinos bien diferenciados.

Una tierra con estrecha vinculación con el vino, donde no hace mucho se identificaron una plantas de la primigenia vitis sivestris, que se calcula que puede tener… ¡cinco millones de años!. Como paso del Camino de Santiago, los peregrinos, quizá para olvidar las penalidades del peregrinaje, impulsaron el cultivo y sobre todo el consumo del vino –los kilómetros con tinto son menos, que se lo digan a Agus, Logan y Bryan-. También el clero, que al instalarse en diferentes puntos de la ruta, jugó un primordial papel, ya que eran indispensables los sagrados jugos de la vid para la celebración de los ritos cristianos.

Entre los siglos XVIII y XIX, era la principal actividad agrícola de Navarra, y los “caldos” eran de reconocida calidad. De hecho, según parece, la emperatriz rusa Catalina la Grande, haciendo dura competencia a la cantada Asunción, se lo pasaba bomba empinando el codo y libando con fruición los vinos navarros, nunca ausentes de sus bodegas, ni de su copa.

Se pasaron épocas algo complicadas con explotaciones cooperativas y vinos a granel, con uvas autóctonas a las que no se le sacaba el mejor de los partidos. Con los nuevos aires de modernidad -hace tres días no más- se cambió la dinámica de forma radical, se formaron nuevas bodegas con otras ideas y con el objetivo de sacar vinos de calidad. Nuevas mentalidades mucho más abiertas y dispuestas a realizar cambios importantes como la introducción de variedades foráneas como la chardonnay, merlot o cabernet que dieran otros bríos a los vinos navarros. En los últimos años se han presentado interesantísimas propuestas, elaboradas con estas dos últimas junto a nuestra siempre presente tempranillo entre los vinos tintos; elegantes blancos -antes generalmente elaborados con viura-, confeccionados con mimo a puntadas de chardonnay, además de los siempre exquisitos y deliciosos blancos dulces frescos de moscatel.

Pero lo que siempre ha tenido presente el mercado en general ha sido la gran tradición en estas benditas tierras por la vinificación en rosado. Se elaboran por el proceso de sangrado de uvas garnacha, aunque se empiezan a hacer pruebas sólidas –en calidad claro está- con las antes citadas variedades tintas. El método de sangrado no tiene nada que ver con Freddie Krueger o Jason Voorhees, esto es mucho más romántico y agradable, y consiste en tras el despalillado y el primer estruje de la uva, la cual se deja macerar unas horas, tras lo cual se separan los pellejos y el mosto, siendo este extraído del depósito filtrándolo y quitándole cualquier resto sólido. Esta es una explicación a trazo gordo, por lo que si estáis interesados podéis organizar un magnífico viaje y muchas bodegas estarán encantadas de recibiros, eso sí intentad dejar pasar unos días porque están justo en época de vendimia o recién finalizada y no es la mejor época.

Recorrida la huerta, el prado y el viñedo navarro, no se puede decir que los atractivos de la zona no son para disfrutarlas con calma, y si es in situ, mejor que mejor. Mientras no podamos por tener ese malsano vicio de “currar” –y que no falte, que la cosa está bonita- os ayudaremos a que no os perdáis, por lo  menos, de lo mejorcito de la despensa española. Próxima parada… algo bueno, seguro.

 

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