Los productos de Navarra. El Pimiento del Piquillo de Lodosa

Pimiento del Piquillo de Lodosa

Pimiento del Piquillo de Lodosa

Nos hemos dispuesto a buscar una explicación más o menos convincente del origen del popular dicho “me importa un pimiento”. Las respuestas encontradas han sido mínimas y no nos han convencido, por lo que nos lanzamos a teorizar -que es gratis- que al igual que se han hecho frases con un mismo significado con otros productos muy presentes en América –como el bledo-, también se acuñó ésta como menosprecio hacia los indígenas. Quizá la inquina que parecen tenernos Maduro o Evo Morales venga en parte de las afrentas al pimiento.

Se cree que ya se cultivaba pimientos hace seis mil años en Centro América y en la mitad norte y centro- oeste de Sudamérica, pero como el origen del popular dicho de marras, tampoco se puede afirmar con rotundidad. Fue uno de los presentes que entregó Cristóbal Colón en la recepción de los Reyes Católicos a la vuelta del Nuevo Mundo. Las anotaciones de un entonces jovencísimo Fray Bartolomé de las Casas, ya reflejaban un alimento muy utilizado y consumido por los indígenas que lo nombraban como ají o chili.

Su característico sabor levemente picante, que hacía recordar a la ya bastante utilizada pimienta, llevó a bautizar este nuevo fruto con el nombre que ahora conocemos. Como la mayoría de estos asuntos, existen un montón de versiones que desmienten estas teorías, como la de Pepe Iglesias en su esencial Enciclopedia de la Gastronomía, de obligada lectura.

Se produce en Lodosa y cercanías.

Se produce en Lodosa y cercanías.

Uno de los más apreciados pimientos españoles, es el Pimiento del Piquillo de Lodosa procedentes de la celebrada huerta navarra, para concretar de la localidad de Lodosa y sus poblaciones cercanas –Andosilla, Azagra, Cárcar, Lerín, Mendavia, San Adrián y Sataguda- donde por estas fechas y hasta mediados del próximo mes de noviembre se recolectan estos rubíes de la gastronomía nacional. La variedad del pimiento se trata de un ecotipo Piquillo, autóctono de Navarra, pero hay que prestar atención pues no todos los pimientos de piquillo son de Lodosa, pudiéndolos encontrar de esta variedad, sin el amparo de la Denominación de Origen y originarios de otras localidades -como Calahorra- y hasta de otros países –como China, México, Perú o Bolivia-.

De categoría extra o primera, son llevados a la planta de procesado donde se les adecenta quitándoles cualquier resto de pedrerío, arena o vegetación; una vez ya curiosos, son asados a llama directa. Tras este proceso poco nos podemos hacer a la idea, viendo su carbonizado aspecto, que como en una película de adolescentes, todo va a terminar bien y el producto final va a resultar tan vistoso y tan delicioso. De forma artesana y manual, de pimiento en pimiento, un eficaz ejército de manipuladoras, se encargan con una destreza de ninja a descorazonarlos, pelarlos y desemillarlos sin que en ningún momento la hortaliza sea sumergida cuan comandante Cousteau, en agua o cualquier otra solución. También de forma manual son envasados en su propio jugo para preservar su magnífico sabor ahumado.

¿Veis el sello sobre la tapa? nos asegura que es el de verdad.

¿Veis el sello sobre la tapa? nos asegura que es el de verdad.

Tanto trabajo merece una degustación como Dios manda, y estos suaves pimientos no nos van a poner dificultades a la hora de hincarles el diente, pues son toda una delicia. Bien secundando con arte y “sabrosura” cualquier conserva de pescado, aderezada con una salsa suave de alioli o de mayonesa ligera; bien rellenos de “lo que se te pase por la cabeza”, ya que acepta sin problemas un rellenado con carne, pescado o verduras y con un toque de horno tendrás que tener cuidado con la cabeza porque te sacarán a hombros de la cocina.

También darán lustre a la ensalada más triste y harán cobertura de secretario de estado a estofados y guisos de carne y pescado. Y además de lucir tu mesa, será un aporte de hidratos de carbono excepcional, además de vitaminas y minerales, y como no tiene grasas, no engordan, tan solo dependerá de los alimentos con los que le acompañen y tus artes con el mandil. Que aprovechen.

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