Llonganissa de Vic, para sentirse orgulloso

Salchichón de Vic

Salchichón de Vic

Estamos un poco cansados con el manido tema de la consulta soberanista de Cataluña, tanto por un lado como por otro. Nos cuesta comprender que haya personas que veten de forma sistemática todo los productos que vienen de allí, sin tener ni idea de cuales  si el elaborador se siente catalán, español o indochino. Tampoco compartimos las ideas de las personas que anteponen una identidad a otra, y más cuando ambas puedan ser perfectamente compatibles y enriquecedoras, cultural, social y económicamente. Es decir que no nos ponemos –como buenos comerciantes que queremos ser- ni a un lado ni al otro, No acabamos de concebir la idea de una Cataluña independiente, pero con ello tampoco negamos la identidad y la personalidad de una tierra.

Y más nos duele pensar que por causas políticas, que habitualmente vienen a embarrar la convivencia natural, alguien pueda negarse el disfrutar de un buen cava o unos ricos embotits, y entre estos uno que es seña de identidad gastronómica de Cataluña, nos estamos refiriendo a la llonganissa de Vic, un embutido tradicional, lleno de tradición e historia –se fechan las primeras referencias sobre su elaboración hacia mediados del siglo XV- y con unas características especiales derivadas de inicio, de los magníficos cerdos de la región –Duroc, Landrace y Large White-  y de unas condiciones climatológicas esenciales, como son esos brisas pirenaicas que soplan por la Plana de Vic, y recorren el centro de la región barcelonesa de Osona, unido a la especial humedad mediterránea en forma de niebla que se forman posibilita un soberbio secado y curación, con su tiempo justo y en su justa medida.

Salchichón de Vic

Salchichón de Vic

Su elaboración artesanal, receta tradicional que se remonta a épocas remotas, se hace con un picadillo con selecta carne magra de cerdo –libre de grasa-, bien picada y mezclada con dados de tocino, que se condimentan con sal y pimienta negra. Bien amasada, se le deja macerar en frío al menos dos días para que coja bien todo el sabor y es embutida para pasar más de mes y medio en el secadero para que tome sus rasgos tan peculiares.

No es de extrañar que el tatarabuelo de nuestro actual monarca, el rey Alfonso XII, tuviera como lugar de peregrinaje asiduo, junto a las obligadas visitas al Obispo y a la Catedral, el “hacerse caer” por las fábricas de salchichón de Vic cada  vez que visitaba estas tierras. Ahora, este bendito mundo global, nos facilita la vida y no es necesario – aunque siempre recomendable- el acercarse a las tierras de Osona para disfrutar de este indispensable manjar.

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