Llevo un buen melocotón… de Calanda por supuesto

Tiernos y carnosos, ¡¡menudos melocotones traigo!!

Tiernos y carnosos, ¡¡menudos melocotones traigo!!

En un blog de una tienda con una selecta oferta de casi medio centenar de magníficos vinos de diferentes denominaciones de origen, no se vería del todo extraño empezar con una coloquial frase como la que encabeza la entrada, pero…, ¡por favor!, somos gente seria, herís nuestra delicada sensibilidad. No estamos hablando de esos melocotones, como los homenajes etílicos “findesemaneros” de la adolescencia, que por cierto nos eran ajenos ya que nos dedicábamos a la reflexión y al recogimiento… sino que hablamos del mejor melocotón del mundo, el melocotón de Calanda.

Antes de ser pasados por el almíbar....

Antes de ser pasados por el almíbar….

China, además de ser el paraíso de los relojes falsos y de los comercios con horario de cajero automático, es la cuna del melocotón, donde se cultiva desde hace milenios. Ya desde entonces el comercio de la zona era como la lengua de Andrés Vaquerizo, un no parar, y rápidamente se extendió por las principales rutas comerciales hasta Persia y de allí al resto del mundo conocido.

En la actualidad, España, ocupa el segundo puesto como productor europeo de este fruto, tras Italia; en ámbito mundial nos caemos del pódium y no obtenemos medalla al situarnos en un dignísimo cuarto puesto tras gigantes como Estados Unidos y China. Las más reconocidas extensiones de melocotoneros patrios se sitúan en el nordeste peninsular, en Catalunya, Levante y Aragón. En esta última se ubica la Denominación de Origen Melocotón de Calanda.

La localidad de Calanda se sitúa en la comarca del Bajo Aragón, en la provincia de Teruel, aunque el territorio adscrito a la Denominación abarca cuarenta y cinco municipios repartidos entre suelo turolense y la vecina provincia maña de Zaragoza y ampara tanto fruta fresca como producto en conserva.

El producto en cuestión, el dulce y carnoso melocotón de Calanda, es de la variedad amarillo tardío -para hilar más fino, de los tipos prunus pérsica, sieb y zucc- y alcanza su grado óptimo de maduración por estas fechas, siendo su época de recogida entre mediados del pasado mes de septiembre hasta finales del presente mes de octubre.

Así se embolsa un buen melocotón de Calanda

Así se embolsa un buen melocotón de Calanda

Anteriormente a esta recolección y una de las señas de identidad de estos deliciosos frutos es que durante los meses veraniegos, son embolsados uno a uno –cuando todavía están en el árbol, claro está- con bolsas de papel parafinado que les protegen de plagas e insectos ávidos de hincarles el diente, la trompa o lo que quieran tener para comer -¡hombre! Bastante tenemos con saber un poquito sobre alimentos como para saber también de odontología insectil-. Así embolsados, y todos con una apariencia tan apetitosa y sana, parecen que están envueltos para regalo. Pero tanto lustre tiene su precio y así la duración de su plena lozanía es fugaz pero como bien reza el dicho “donde se cierra una puerta se abre una ventana”. Esa ventana salvadora es la conservación en almíbar.

Una vez recolectados y aguantando la tentación de meterles el bocado, se sumergen en agua hirviendo para facilitar la eliminación de su aterciopelada piel, son “biseccionados” con maestría cirujana, todo en un proceso puramente artesano. Tras lo cual, cuidadosamente, como se hacen las famosas para marcar curvas, le sacan el hueso. Una vez librados de la semilla, son bañados en el almíbar –jarabe elaborado a base de agua y azúcar. Pero aquí no acaba el “guiso” pues tras dejarlos un tiempo en el goloso baño, los frutos son escurridos y el líquido resultante –levemente espeso-, al que el melocotón también ha cedido algo de su jugo, se le suele incorporar zumo de limón para darle un poco de acidez y quitarle un poco de empalago, se le vuelve a hervir para conjuntar los sabores.

No podía faltar, el sello del Consejo Regulador, búscalo para asegurarte de estar comiendo el auténtico de Calanda

No podía faltar, el sello del Consejo Regulador, búscalo para asegurarte de estar comiendo el auténtico de Calanda

También podemos encontrar melocotón de Calanda en almíbar ligero y al vino, donde la deliciosa carne del melocotón absorbe los matices del vino de la tierra. No hay problemas para los abstemios más ortodoxos ya que el vino está reducido en la elaboración por lo que se evapora el contenido alcohólico.

Todo una tradición, la del melocotón en almíbar, que en tiempos ha representado los modestos homenajes que las familias no tan afortunadas se podían permitir en algunos postres de domingo. Ahora al alcance de todos y con un puntito más de elegancia, y gracias a las mentes y audacias de cocineros y cocinillas, ya no están limitados a postres y dulces meriendas, sino para incluirlos en guisos y platos más elaborados, sólo dar rienda suelta a la creatividad y probar sabores y sensaciones. Pruébalos pasados un momento por la sartén para acompañar un plato de carne… deliciosos.

Algunas de las fotos de hoy son de nuestros amigos de Conservas Calanda (www.conservascalanda.com), que nos traen unas conservas de chuparse los dedos.
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