Las etiquetas del vino, no solo asunto de diseño

En la contraetiqueta podemos ver información relevante como si contiene sulfitos, quién embotella, etc.

En la contraetiqueta podemos ver información relevante como si contiene sulfitos, quién embotella, etc.

Uno que ya tiene unos años –aunque aparente ser un zagal- ha visto muchas etiquetas y presentaciones de vinos de lo más diversas. Un mundillo que estaba hasta hace relativamente poco, profusamente poblado de bodegueros y viticultores recios, agricultores en esencia y que han ido dejando pasar a nuevas generaciones de enólogos de carrera –y viñedos, no vayáis a creer-, con ropa de marca –informal y campestre, pero de firma-, y que han sido conscientes que en un primer encuentro la imagen –como casi todo en esta vida- es también muy importante. Ello ha dejado pasar a escena, a especialistas en marketing, diseño y estilismo que se han tenido que devanar los sesos para vestir unas botellas de forma atrayente, teniendo que adaptar sus diseños a los diferentes datos que la ley obliga a reseñar –y el consumidor debería exigir-. Menos mal que siempre nos queda la contraetiqueta…

Lo primero que tenemos que ser conscientes cuando vamos a comprar vino, y miremos las etiquetas, es que las normativas con respecto al etiquetado de los productos vitícolas son más propios de un guión de Punset, por lo que sería imposible presentar de forma didáctica a la par de amena, todos los “legalajos” con que nos obsequian los boletines comunitarios, estatales y europeos. Si alguien le tiene poco apego a la vida o muestra claros síntomas de insomnio galopante, les podemos facilitar el texto para que se pueda empapar de este apasionante tema.

Vamos a apuntar todos los datos obligatorios “por ley”, porque atrevernos a pormenorizar todos los datos que en ocasiones nos facilitan los elaboradores, esto se nos iría de madre.

Además del nombre de la DO CAVA, vemos la añada y que es un Gran Reserva.

Además del nombre de la DO CAVA, vemos la añada y que es un Gran Reserva.

Podría haber un vino sin nombre, ya que la normativa no obliga a bautizarlo, y viendo los nombres  que se han marcado algún que otro bodeguero, hubiéramos agradecido más de una vez que se hubieran acogido a esta iniciativa. Si está obligada la indicación del volumen alcohólico, expresado en grados o en porcentaje, que rondan desde los 7º de los menos alcohólicos a los 25º que lucen algunos generosos. También se indica los datos del elaborador y del embotellador –que generalmente suelen coincidir- y su registro embotellador –que se verá como R.E, registro embotellador, con su numeración, iniciales de la provincia y lote-. Además de esto, también deberá indicar si está acogido a una Denominación de Origen, que suele expresarse con una contraetiqueta con el logo de la misma.

Y en este lado: el volumen de alcohol y el número de registro del embotellador.

Y en este lado: el volumen de alcohol y el número de registro del embotellador.

También por imperativo de Bruselas, para todos los vinos acogidos a D.O. o I.G.P., debe indicarse la añada –año de cosecha- aunque puede haber excepciones con algunos vinos que están elaborados con varias añadas –como algún vino exclusivo o los vinos generosos-. También aparece la variedad de uva, pudiéndose indicar como variedad única, aquellos vinos que estén elaborados con un 85% o más de la misma, es decir si encontramos un vino que indique en la etiqueta que es “Garnacha” supondrá que el vino estará hecho con un mínimo del citado porcentaje de esta uva.

Indicará términos relativos a su método de elaboración, para que nos entendamos, si el vino está fermentado, criado y madurado o envejecido en barrica, crianza sobre lías… Que quede claro para los más neófitos, los tan cacareados términos de crianzas, reservas y grandes reservas, solo están autorizados para vinos acogidos a Denominación de Origen, ningún vino fuera del amparo de estas puede indicarlo, aunque el vino en cuestión haya pasado el tiempo reglamentario envejeciendo en madera.

Pero muchos de estos términos están en una ligera frontera entre la obligación legal y el simple hecho de dar una más completa información al usuario, que siempre es de agradecer.

Por último y esto si está bien especificado en la legislación, se debe indicar si el vino contiene alérgenos o sulfitos que pueden ser dañinos para ciertos consumidores.

Hemos hablado de los datos, puros y duros, dejando al margen nuestro gusto en el diseño, estética  y sobre todo en la fluida poesía o prosa utilizada, más o menos cursis, que suele describir el vino, la esencia de la bodega o la historia de cómo se les pudo ocurrir semejante nombre a personas pensantes, pero al final es la copa quien pone a cada uno en su sitio, aunque siempre viene bien, saber que se va a descorchar.

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