Así el tío de la carretilla está tan sano…

esparrago-trigueroEmpezando como una de las sagas más admiradas por este que suscribe, “Hace muchos, muchos años…”, cuando no había disponibilidad de “lechezepanes”, “gaitasicinas” o “loqueseacitos”, nuestros esforzados ancestros se las tenían que apañar con infusiones, hierbas, frutos, ungüentos, raíces y más elementos naturales para los tratamientos de las dolencias, tanto las más leves como las más graves. Así no es de extrañar que la esperanza de vida fuera bastante corta y los venerables abuelos de la época eran tiernos mozalbetes que criaban malvas antes que les crecieran casi las barbas.

Los espárragos fueron uno de estos frutos que en sus inicios se cultivaban, aunque mejor dicho podría decirse que se recogían, por sus efectos medicinales. Ya fueran crudos, cocidos o a la brasa, además de aportar energía, eran muy apreciados –y lo son- por su eficacia como diurético. En épocas remotas suponemos que no lo explicarían así, y lo resumirían como que era bueno para limpiar la sangre y eliminar líquidos -de hecho, y aunque sea un poco escatológico, cuando se han consumido estos frutos, el olor de la orina es mucho más fuerte-. Además su alto contenido en fibra también debía ser muy apreciado, ya no solo por la contribución para sentirse más ligero, sino que en momentos donde las hambrunas y las penurias eran el –único- pan de cada día, el contenido de fibra les proporcionaba más rápidamente sensación de saciedad y así se reducía el apetito, cosa muy de agradecer.

También conocemos que en épocas postmedievales, se le atribuía un potente valor afrodisiaco, no nos atrevemos a teorizar sobre si su forma tuviera algo que ver en la formación de esa creencia, pero el hecho es que su ingesta estuvo prohibida en monasterios y conventos durante muchos años. Tampoco habréis sido pocos los que habéis escuchado –y si no habéis tenido mucha suerte, probado la experiencia- a las y los más veteranos del lugar que se utilizaba el espárrago cuando una traicionera espina se quedaba enganchada en la tráquea y no había forma de sacarla.

Así que ya sabéis, aprovechar la tesitura y por si las moscas, en el botiquín de casa, entre vendas, tiritas, agua oxigenada y gasas, meted una lata de buenos espárragos y no sabemos muy bien si mejorará vuestros padeceres de salud, pero si os aseguramos que os sanará un poco el espíritu.

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