Caballa de pura sangre

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La caballa de Andalucía emplatada y en su frasco

No me digáis que hay algo de más tradición que un buen bocadillo de sardinas, envuelto en las noticias del día y debidamente lubricadas con el aceite de la lata, de aparición habitual en los Peliculones –dicho con mayúsculas- de José Luis López Vázquez, Ozores o Gracita Morales –, como uno de los símbolos del currante medio-bajo.

Pero este mundo de Dios no da ni un segundo de respiro y gracias al cielo, todo ha cambiado una barbaridad y así, esa imagen, un poco sórdida o… buscadle vosotros el adjetivo, es cosa del pasado y podemos decir que ahora, viendo y saboreando la calidad de estas conservas marinas, es todo un gustazo para los sentidos. No podréis negar que en más de una noche de apuro, una buena lata de caballa, con un tomate fresco troceado, con chorrito de aceite, una puntita de sal y acompañado por unas copitas de vino blanco os ha apañado, y con nota, esa cena improvisada  que no sabíais que haceros. En caso contrario, no sabemos qué estáis esperando.

¿Qué es?

Este buen animal, pescado azul para más señas, es familia cercana de los atunes y así su sabrosa carne, nos recordará a estos en textura y sabor. Cuando nada por la costa andaluza, son peces que van en multitudinarios bancos, al estilo de las sardinas y boquerones, de un hermoso color plateado y en la parte superior de su cuerpo lucen, al más puro estilo “cebril”, unas listas verticales azuladas. Lamentablemente para ellas, su sabor nos gusta más que su apariencia -y aunque en Porprincipio desaprobamos las prácticas abusivas de la riqueza marina- Las preferimos enlatadas y con aceitito –a poder ser de oliva-, o frescas y limpias gracias a la destreza de nuestro pescadero de confianza, listas para formar parte de algún guiso.

¿Cómo se pesca?

Se suelen capturar con artes de pesca como el trasmallo, un sistema de redes que penden de un flotador y donde las caballas pueden entrar, pero una vez dentro no pueden salir -como cuando vamos a esa conocida tienda de muebles suecos- ; por palangre, en el cual se sumerge un largo hilo con un lastre en el extremo. A lo largo del hilo y con la debida separación, se cuelgan  los anzuelos donde las voraces caballas encuentran su amargo destino;  también se utiliza el método del arrastre, afortunadamente cada vez más en desuso y que como su nombre indica consiste en unas redes que con el barco en marcha, van arrastrando la red por el fondo del mar y atrapan todo lo que encuentran a su paso, en este caso el banco de caballas, pero que también causa importantes daños al capturar otras especies y arrasar el fondo marino. Si sois aficionados a la pesca, su captura es relativamente sencilla, pero recordad que la mesura y la racionalidad son virtudes humanas de gran valor, no capturéis más piezas que las esenciales.

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Mucha mejor pinta así que en el momento de la pesca

Propiedades únicas

Después de este momento mezcla “Caza y pesca” con Greenpeace que nunca viene de más, y ya con el alma caballar en el cielo piscícola, os diremos que el consumo de caballa tiene una lista de beneficios para nuestra salud bastante considerable, es rica en vitamina A, B y D y agiliza el metabolismo. También tiene gran cantidad de ácidos grasos Omega 3, que cuida nuestra circulación, regula el colesterol malo y reduce la hipertensión.

Y  ¿cómo lo sabemos?, por uno de esos estudios, elaborado por científicos escandinavos, y que nadie se explica a quien se le ocurren, que estudiaba porqué entre la comunidad esquimal el índice de infartos era casi inexistente, llegándose a la conclusión que buena parte se debía a la riqueza de pescado azul en su dieta. Los esquimales que se habían incorporado a la civilización, caían “como chinches” a golpe de ataques al corazón, descartándose la incidencia genética.

También es rica en proteínas, por lo que está altamente recomendado para el desarrollo muscular y óseo, por lo tanto indicado a embarazadas y chavales en edad de crecimiento y para los chavales menos jóvenes: fósforo para los huesos y una ayudita para reforzar el cabello, además de echarnos una mano para problemas con el azúcar, asma o la depresión.

La Isla de la Caballa

Como curiosidad, os contamos que no hay muchos peces a los que les dedica una isla, pues a este sí. En plena bahía de Cartagena, en Murcia, encontramos la pequeña isla de Escombreras, donde se han encontrado restos significativos de la industria del salazón de la época de los romanos. En ella se hacían salazones de la Scomber escombrus  -nombre latino de la caballa- y con sus restos se haría el preciado “garum”, una apreciadísima salsa que se elaboraba con los despojos y vísceras del pescado que eran macerados y fermentados en salmuera –suena delicioso ¿no?-, lo que llevó a bautizar la isla con ese nombre.

Estos son tiempos de prisas y de no tener un minuto que rascarle al día, para nuestra desgracia cada vez disponemos de menos ratos para ponernos ante el fogón y hacernos un guisito o simplemente, después de una jornada de trabajo –incluimos madres, padres, amas/os de casa, asalariados…-, estamos tan agotados que tenemos dificultades para levantar cacerolas, ollas o sartenes. Las conservas nos permiten ganar minutos donde no los hay, además de la comodidad de poder disfrutar de alimentos sanos a golpe de abrelatas o desenrrosque de tarro, de forma inmediata, con una nula o mínima preparación. No os agobiéis que no son tiempos de que nos miren mal por apretarnos un bocata de caballa y a más de uno le levantaremos una pizquita de envidia y hasta le daremos una idea de lo que cenar esta noche. Si Gracita Morales levantara la cabeza…

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