25 de agosto, fun, fun, fun

¿quién puede decirle que no al Turrón de Alicante?... es duro...

¿quién puede decirle que no al Turrón de Alicante?… es duro…

Que si adornos a cual más hortera y cursi, luces intermitentes de todo a 100 que cada día presentan más bajas en el inventario de bombillas, abetos artificiales que pierden densidad como si hubieran estado expuestos a material radioactivo, belenes con olor a naftalina y alguna figura haciendo horas extra por absentismo laboral de rey mago, San José o pastorcito de turno,  el regio  “me llena de orgullo y satisfacción”. O peor aún, gente disfrazada del tipo gordo creado por la empresa de refrescos que todos conocemos y con más roña que un mal jamón, si, si, si, pero… y lo que nos gustan las puñeteras navidades, y sobre todo para todos los que nos vanagloriamos de ser hambrones y triperos, los dulces navideños.

Una conocida marca de dulces que utilizaba la elegante y sempiterna imagen de una famosa que se dedica a… bueno eso ahora no viene al caso, se parecía vanagloriar que su producto era tan exclusivo que no se vendía durante los meses de verano porque… ¿por qué?, si ahora hay frigoríficos en todas las casas. ¡queremos  ahora mismo un “baldosinito” de turrón de Alicante, por el amor de Dios!. Las gambas y las gulas nos sientan igual de bien, viendo el especial de las noticias más importantes del año que disfrutando de las olas del mar desde el chiringuito playero, las lentejas –especial para nuestros amigos transalpinos- están tan ricas en diciembre como con el fresquito del mes de marzo, ¿por qué somos tan puristas para estos engordantes manjares?.

Algunos suertudos tenemos la ventaja de disponer en nuestras ciudades de confiterías y establecimientos especializados, llenos de tradición, que comercializan espectaculares turrones artesanales durante todo el año, pero para desgracia los precios si están a la altura de las fechas navideñas. También si eres un poco cocinillas puedes atreverte a hacer de repostero y elaborar un turrón casero, sin Denominación de Origen pero con la satisfacción de estar hecho por ti –y si no te sale comestible te puede servir para convencerte a colgar los mandiles de forma definitiva-

Queremos romper una lanza por y para los “vaguetes” o alérgicos a cazos, cacerolas, sartenes y esos utensilios del diablo fogonero… porque no llegamos a entender o no queremos entenderlo, que tengamos que privarnos de disfrutar de una porción de rico turrón de Alicante o turrón de Jijona y una copa de fresco cava. Sin necesitar de más etiqueta –de vestimenta- que unas chanclas y unas bermudas.

Más tierno que su primo de Alicante, el Turrón de Jijona no puede faltar en ninguna  época del año.

Más tierno que su primo de Alicante, el Turrón de Jijona no puede faltar en ninguna época del año.

Al fin y al cabo, ¿como se elaboran los turrones?… -y hablamos de los turrones,  turrones, no de pralinés y crujientes que no dejan de ser más que chocolatinas y dulces de tamaño XXL y con un precio un 200%  superior de su precio lógico, y que han surgido como respuesta a las necesidades de un mercado en continuo crecimiento-. Los ingredientes tienen en la actualidad poco de estacional: almendras y avellanas tostadas, miel, azúcar y huevo u obleas -en el caso de esos deliciosos manjares que que son el turrón de Alicante, el turrón de Jijona y el de Agramunt- … pueden estar disponibles durante todo el año.

Buscamos una explicación y encontramos alguna respuesta. Es cierto que hace una pila de años, los ingredientes si tenían algo de estacional: los almendros y avellanos de la vertiente mediterránea contaban con las condiciones óptimas para su desarrollo y las mieles de la zona levantina eran de una excelente calidad por su riqueza de flora y sobre todo de hierbas aromáticas. Estos turrones elaborados artesanalmente después eran vendidos por comerciantes ambulantes, que con sus traje típicos ejercían de garantía de calidad “andante” de que aquellos turrones eran auténticos de la zona.

Carlos III, en su empeño de ennoblecer su título honorífico del Mejor Alcalde de Madrid, firmó unas normas proteccionistas hacia los confiteros madrileños, por la cual los artesanos y vendedores foráneos solo podían vender estos dulces durante poco más de un mes antes de año nuevo. Eso llevó que el consumo se hiciera inhabitual fuera de esos cuadros del calendario y parece que esa –mala- costumbre ha llegado hasta estos día de smartphones e Internet.

Siendo Porprincipio.com una firma que ha apostado por la reivindicación de los sellos oficiales de calidad, vamos a centrarnos, de momento, en los turrones de la Navidad que gozan de protección oficial como Indicación Geográfica Protegida. Los turrones de Jijona y de Alicante, los más conocidos, comparten Consejo Regulador, en la provincia levantina, con muchos puntos en común, además del geográfico. Por otro lado encontramos el turrón de Agramunt, muy parecido al tradicional turrón “del duro”, tiene como mayor diferencia con este, además de que se elabora en Lérida,  que se utilizan con avellanas en vez de almendras y por tener una característica forma de torta, ambos son “ensandwichados” con obleas.

La receta de elaboración de los turrones puede resultar hasta sencilla, para oídos advenedizos, y sería comprensible si tenemos en cuenta sus remotos orígenes más de quinientos años atrás. Pero que más lejos de la verdad, pues uno de los ingredientes es esencialmente inalcanzable para cualquier cocinillas, y es la maestría y la sabiduría de los maestros turroneros que siempre encuentran los porcentajes perfectos y los tiempos justos para encontrar unos sabores y texturas inigualables y que confieren las particulares señas de identidad de estos productos.

Obleas de turrón de Agramunt.

Obleas de turrón de Agramunt.

Como si de la sopa de la vida que dio inicio a la vida se tratase, aquí partimos de un punto común donde se realiza la cocción a fuego vivo de miel y azúcar, pero este es el único punto idéntico en la elaboración de todos estos confites. Al mismo tiempo que se deja hacer la mezcla, se tuestan los frutos secos. En el turrón de Jijona tras la incorporación de las almendras al “guiso”, se extienden en planchas en un prototipo turronero. Una vez frías, se le vuelve a amasar y añadir más almendra triturada si es neceser. Todo el conjunto pasará una segunda cocción, acompañado por un tradicional proceso de golpeado con los “boixet”, que eliminará el aire acumulado y hará posible esa textura mágica.

Los turrones de Alicante y Agramunt, reciben una única cocción, tras la cual se le añade un blanqueante natural, clara de huevo, que les dará su característico color. Los frutos secos tostados, son añadidos íntegros o apenas triturados. Ambos se presentan “obleados”. La gran diferencia, además de su presentación -uno en tableta, el otro en torta- radica en que el turrón catalán, además de almendra, también puede ser de avellana tostada.

Desde aquí os animamos a tomarlos todo el año, por ejemplo acompañando un buen helado de vainilla si hace mucho calor. O no, que con fresquito el contraste también es bueno. Mucho más sano que esos bollos industriales que nos venden por ahí…

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